¿Cómo educar a nuestros hijos hoy en día? ¿Alguna vez nos hemos hecho esta pregunta? Si formulamos ésta cuestión a cualquier padre o madre que veamos por la vía pública, en su amplia mayoría, nos contestará: ¡qué mi hijo/hija sea feliz! Parece algo muy lícito ese pensamiento, y seguramente, todos querríamos lo mismo. Pero, ¿cómo hacemos que nuestros hijos sean felices? ¿Hay una pastilla para ello? ¿Hay fórmulas mágicas? ¿Felicidad y esfuerzo son conceptos totalmente contrarios? Vamos a desgranar un poco todo estas interrogantes.

La forma de educar a nuestros hijos hace unos años, era la educación que recibían nuestros padres de nuestros abuelos y, que con algunas variaciones, hemos recibido nosotros de nuestros padres estaba definida por algo que en la actualidad nos parece horroroso: AUTORIDAD. Los padres eran respetados. En muchos casos ese respeto provenía del miedo que daba a los hijos no hacer algo como sus progenitores esperaban y la forma de que aprendieran la lección era un castigo positivo (aplicación de un estímulo aversivo, un guantazo e incluso un correazo). Todo esto ha producido el condicionamiento AUTORIDAD-CASTIGO FÍSICO. Ser autoritario, no significa infligir dolor, sino crear unas normas y unos límites claros que se deben cumplir para el buen funcionamiento del hogar. La principal diferencia entre unos padres autoritarios y unos DEMOCRÁTICOS es que los primeros imponen sus normas y sus límites a su antojo, y los segundos llevan a cabo un proceso de “negociación” con sus hijos para poner unas reglas claras, justas y en las que ambos estén de acuerdo.

Son muchos los padres que nos llegan a consulta expresándonos: “nuestro hijo/hija en el colegio se comporta muy bien, pero es llegar a casa…”. ¿Qué está ocurriendo? En la mayoría de ocasiones se trata simplemente de una falta de normas y límites en casa a la hora de educar a nuestros hijos. En el colegio se comporta correctamente porque desde que entró ha sabido que quien “manda” en clase es el profesor, que debe seguir las normas del colegio, que tener unos valores como respeto al profesorado, a los compañeros, a la infraestructura,… y, por supuesto, que si no se cumplen dichos requisitos, se tiene una consecuencia, la cual SE CUMPLE. Hago hincapié en “se cumple”, puesto que la inmensa mayoría de los castigos que se ponen en casa, aparte de ser desproporcionados, nunca se cumplen, por lo que los hijos entienden inconscientemente: “da igual que me adviertan de una consecuencia, sé que nunca se cumple”. En este momento, el respeto a los padres está perdido. Unas normas claras, concisas y consensuadas es la mejor manera de que nuestros hijos adquieran valores, toleren la frustración, aprendan a reaccionar ante un NO…y todo ello sin que formen un espectáculo cada vez que ocurra. Que no se adueñe de nosotros el: “he castigado a mi hijo, que pena me da verlo así, ya ha estado bastante tiempo, le voy a levantar el castigo”. ¡¡ERROR!!

Desde aquí hago una invitación a los padres a que se formen en pautas educativas, unas pautas muy sencillas de aplicar y que harán que nuestros hijos sean mejores personas, adquieran valores, sepan respetar, aprendan que el esfuerzo produce recompensas,…podría seguir enumerando muchas más características, pero lo que deberíamos promover sobre todo es que sean AUTOSUFICIENTES. El ser autosuficientes les hará ser FELIZ.

Miguel Vadillo Padilla
Psicólogo infantil-juvenil
Alegra, Centro de Psicología

 

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