¿Ser intensa es malo?

Puede que alguna vez te hayan dicho que eres “demasiado intensa”. Que sientes todo mucho, que preguntas demasiado, que necesitas hablar las cosas enseguida o que le das demasiadas vueltas a lo que ocurre en tus relaciones. Incluso puede que hayas empezado a preguntarte tú misma: ¿ser una persona intensa es malo?

La respuesta no es tan sencilla como parece. La intensidad emocional no es, por sí misma, un problema. Hay personas que viven sus emociones con mucha fuerza, se implican profundamente en sus relaciones y tienen una gran sensibilidad emocional. La dificultad aparece cuando esa intensidad empieza a hacerte sufrir, te lleva a actuar impulsivamente o termina condicionando tus relaciones.

¿Qué es ser una persona intensa?

Cuando hablamos de una persona intensa, normalmente nos referimos a alguien que experimenta determinadas emociones con mucha fuerza o que se implica especialmente en aquello que le importa. Puede entusiasmarse mucho, preocuparse intensamente, necesitar hablar sobre lo ocurrido o vivir los vínculos afectivos con una elevada implicación.

«Sentir mucho no es el problema. El problema puede aparecer cuando la emoción empieza a decidir continuamente cómo actúas»

Quiero dejarte claro de nuevo que esto no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Ser intensa también puede implicar ser expresiva, apasionada, sensible o muy comprometida con las personas importantes para ti. La cuestión relevante no es cuánto sientes, sino qué haces con aquello que sientes.

Intensidad emocional y dificultad para gestionar las emociones: ¿son lo mismo?

No necesariamente. Puedes experimentar emociones intensas y disponer de buenas herramientas de gestión emocional. Una persona puede enfadarse mucho y, aun así, decidir no enviar ese mensaje del que después se arrepentiría. También puede sentir miedo ante una posible ruptura sin necesitar comprobar constantemente si su pareja sigue queriéndola.

La dificultad para gestionar emociones aparece cuando nos cuesta tolerar lo que sentimos y necesitamos hacer algo inmediatamente para reducir esa emoción. Ahí pueden surgir llamadas repetidas, discusiones impulsivas, comprobaciones, necesidad continua de respuestas o decisiones tomadas en momentos de gran activación.

No necesitamos aprender a sentir menos. Necesitamos disponer de más opciones sobre qué hacer cuando sentimos mucho.

¿Por qué siento las emociones con tanta intensidad?

No existe una única causa. Hay personas con una mayor sensibilidad emocional desde edades tempranas y otras que han aprendido determinadas formas de reaccionar como consecuencia de sus experiencias.

También influye nuestra historia de relaciones. Si has vivido vínculos impredecibles, experiencias de rechazo o situaciones en las que las personas importantes para ti podían alejarse inesperadamente, determinados cambios en una relación pueden activar con mucha facilidad el miedo al abandono.

«La cuestión relevante no es cuánto sientes, sino qué haces con aquello que sientes»

Por ejemplo, que alguien tarde varias horas en responder a un mensaje puede ser simplemente eso: alguien que todavía no ha respondido. Pero si tu historia hace que interpretes rápidamente esa demora como “está perdiendo el interés”, probablemente la emoción que aparezca sea mucho más intensa.

Intensidad emocional y dependencia emocional: ¿cuál es la diferencia?

Aquí es importante diferenciar conceptos. La dependencia emocional no consiste simplemente en querer mucho a alguien ni en ser una persona expresiva o intensa.

Hablamos de una dinámica más problemática cuando:

  • El bienestar personal depende excesivamente de la presencia aprobación o disponibilidad de otra persona.
  • Puedes empezar a tolerar situaciones que no deseas.
  • Abandonar necesidades propias.
  • Sentir un fuerte temor ante cualquier señal de distanciamiento.
  • Necesitar continuamente pruebas de que la relación sigue siendo segura.

En esos casos, algunas conductas que parecen relacionadas con “ser intensa” pueden estar funcionando realmente como intentos de reducir el miedo.

«A veces no buscas una respuesta porque necesites información; la buscas porque necesitas que desaparezca la ansiedad que te produce no tenerla»

Esta diferencia es importante. Si cada vez que aparece una duda necesitas preguntar, comprobar o recibir una confirmación, probablemente experimentes alivio durante un rato. El problema es que también puedes estar aprendiendo que solo puedes tranquilizarte cuando otra persona te proporciona seguridad, lo que te llevaría a depender de ella para sentirte plenamente en paz.

Intensidad emocional y relaciones de pareja

Una cierta intensidad en la relación de pareja puede formar parte perfectamente de una relación de pareja sana. Mostrar interés, querer compartir tiempo juntos, expresar afecto o hablar de lo que nos preocupa no debería interpretarse automáticamente como dependencia.

El problema aparece cuando las necesidades de uno de los miembros empiezan a invadir constantemente el espacio del otro o cuando cualquier diferencia en la manera de relacionarse se interpreta como falta de amor.

Puede que tú necesites hablar inmediatamente después de un conflicto y tu pareja necesite unas horas para ordenar lo que siente. Ninguna de las dos necesidades es necesariamente incorrecta. La dificultad aparece si tú interpretas su necesidad de espacio como rechazo o si la otra persona considera exagerada cualquier necesidad emocional que expreses.

Cómo gestionar mi intensidad emocional

El objetivo no debería ser convertirte en alguien fría o distante. Se trata de conseguir que tus emociones te aporten información sin obligarte siempre a responder de manera automática.

  • Identifica qué emoción estás sintiendo antes de actuar.
  • Pregúntate qué interpretación estás haciendo de la situación.
  • Diferencia lo que sabes de lo que estás imaginando.
  • Retrasa determinadas respuestas cuando estés muy activada emocionalmente.
  • Observa si buscas hablar para resolver un problema o únicamente para disminuir de inmediato tu ansiedad.
  • Mantén actividades, relaciones y espacios propios aunque estés en pareja.

Aprender a tolerar durante un tiempo determinadas emociones desagradables también forma parte de una buena gestión emocional. No todo malestar necesita solucionarse en ese mismo momento.

El miedo al abandono y la necesidad de confirmación

El miedo al abandono puede hacer que pequeñas señales adquieran un significado enorme. Un mensaje más breve, un cambio de planes o que tu pareja quiera pasar tiempo con otras personas puede activar pensamientos que se alejan mucho de lo que realmente está ocurriendo.

En esos momentos solemos intentar conseguir seguridad rápidamente. Preguntamos si ocurre algo, buscamos explicaciones o analizamos cada detalle de la interacción.

«Cuanto más intentas conseguir una certeza absoluta de que nadie va a dejarte, más pendiente puedes terminar estando de cualquier señal que parezca lo contrario»

Trabajar este miedo no consiste en obtener garantías de que una relación nunca terminará. Nadie puede ofrecernos eso. Consiste en aumentar la confianza en nuestra capacidad para afrontar situaciones difíciles sin que todo nuestro bienestar dependa de evitar que ocurran.

¿Cuándo buscar ayuda psicológica?

Si sientes que tu intensidad emocional genera discusiones frecuentes, te lleva a comprobar constantemente qué sienten los demás por ti o hace que vivas tus relaciones con mucha ansiedad, puede ser útil comprender qué está manteniendo esa forma de reaccionar, ¿no crees?

En terapia podemos trabajar la gestión emocional, el miedo al abandono, determinados patrones de dependencia emocional y las interpretaciones que aparecen automáticamente ante situaciones de incertidumbre.

«No buscamos que dejes de sentir intensamente, sino que puedas decidir qué hacer con aquello que sientes»

En Alegra Psicólogos Málaga trabajamos con personas que quieren relacionarse de una manera más segura sin renunciar a su sensibilidad ni a su forma de implicarse emocionalmente.

Ser intensa no tiene por qué ser algo negativo. El objetivo no es reducir tu personalidad hasta que resulte cómoda para los demás, sino conseguir que tus emociones no terminen llevándote continuamente a lugares en los que tú tampoco quieres estar.

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