No me concentro para estudiar

Sentarte delante de los apuntes no siempre significa empezar realmente a estudiar. Puedes llevar veinte minutos leyendo la misma página, coger el móvil casi sin darte cuenta o terminar una sesión de estudio con la sensación de que apenas recuerdas lo que acabas de leer. Cuando esto ocurre de manera repetida, es habitual pensar: “no me concentro para estudiar” o incluso preocuparse por una posible pérdida de memoria.

Sin embargo, los problemas de concentración pueden aparecer por motivos muy diferentes. Con cientos de pacientes, hemos visto a lo largo de los años que, el estrés, la ansiedad, el cansancio, las preocupaciones o utilizar un método de estudio poco eficaz pueden hacerte sentir que mantener la atención resulte misión imposible. Entender qué está interfiriendo en tu caso será la clave para decidir qué puedes cambiar.

En Alegra Psicólogos Málaga sabemos que detrás de una dificultad para estudiar no siempre hay falta de esfuerzo o de capacidad. A veces es necesario revisar cómo estás estudiando y, otras, comprender qué factores emocionales están ocupando los recursos que necesitas para concentrarte.

¿Por qué siento que no me concentro para estudiar?

La concentración no funciona como un interruptor que simplemente está encendido o apagado. Nuestra capacidad para mantener la atención depende de nuestro estado emocional, del nivel de descanso, del ambiente en el que estudiamos e incluso de cómo intentamos aprender la información.

Por eso, antes de buscar técnicas de concentración para estudiar, conviene preguntarse qué está provocando esa dificultad. No necesitará la misma solución alguien que intenta estudiar después de dormir cinco horas que una persona cuya atención se desvía continuamente hacia pensamientos relacionados con un examen que teme suspender, por poner un par de ejemplos.

Ansiedad y estrés académico

La falta de concentración por ansiedad es especialmente frecuente entre las razones que más aparecen. Cuando estamos preocupados, una parte de nuestros recursos atencionales queda ocupada por pensamientos sobre aquello que tememos: “no me va a dar tiempo”, “voy a suspender”, “no consigo recordar nada” o “debería llevar mucho más estudiado”.

Intentar estudiar mientras simultáneamente estamos pendientes de estas preocupaciones es como pedir a una persona que explique algo a alguien mientras se le pide a la misma esa misma persona que escuche y comprenda lo que le está diciendo otra. Le estás pidiendo a tu cerebro dos cosas incompatibles de hacer a la vez. Por eso, pueden aparecer bloqueos, sensación de mente en blanco o falta de concentración y memoria. En estos casos, el problema no tiene por qué estar en nuestra capacidad para aprender, sino en la interferencia que está provocando la propia ansiedad.

Cansancio, descanso y sobrecarga mental

La atención también tiene límites. Es finita. Pretender mantener durante horas el mismo nivel de concentración, reducir el sueño para disponer de más tiempo o acumular días de estudio sin un descanso adecuado puede terminar produciendo justo el efecto contrario al que buscamos.

La fatiga mental disminuye nuestra capacidad para procesar información y facilita las distracciones. Además, cuando posteriormente intentamos recordar lo estudiado y no podemos hacerlo, podemos interpretar esa dificultad como una pérdida de memoria, aumentando todavía más nuestra preocupación.

Solemos explicar a nuestros pacientes, que a veces “más no significa mejor” y que, de hecho, si vienen de sobrecarga, lo que mejor aplicará a esos casos es la idea de “menos es más”. Con más descanso, se obtendrán mejores resultados.

Método de estudio poco eficaz

No todas las horas delante de los apuntes tienen el mismo valor. Leer repetidamente, subrayar grandes cantidades de información o intentar memorizar contenidos sin comprobar posteriormente qué hemos aprendido puede transmitirnos una falsa sensación de estudio.

Necesitas un método de estudio más activo. Uno que te obligue a recuperar y organizar la información. Uno que te fuerce a elaborar esquemas visuales, a hacerte preguntas, a explicar un contenido con tus propias palabras o utilizar determinadas técnicas de memorización, ya que todas estas pueden favorecer tanto la atención como el aprendizaje.

Exceso de distracciones

Mirar una notificación durante unos segundos parece algo insignificante, pero interrumpe la tarea que estábamos realizando. Si repetimos constantemente este comportamiento, acostumbramos nuestra atención a cambiar de estímulo cada poco tiempo, y ésta aprenderá a no profundizar.

Preparar el entorno antes de estudiar puede ser más eficaz que intentar resistir continuamente las distracciones. Dejar el teléfono fuera de nuestro alcance, cerrar aplicaciones innecesarias o disponer previamente del material que vamos a utilizar reduce las ocasiones en las que tendremos que decidir entre continuar estudiando o atender a otro estímulo.

Falta de concentración en adultos

Por supuesto. La falta de concentración en adultos no afecta únicamente a quienes estudian una carrera. Preparar oposiciones, realizar una formación mientras se trabaja o retomar los estudios después de años puede suponer una importante exigencia cognitiva y emocional.

Además, las responsabilidades laborales, familiares y personales pueden hacer que el tiempo disponible sea menor y que lleguemos al estudio con una elevada sobrecarga mental. En estos casos, no siempre necesitamos estudiar más horas: puede ser mucho más importante aprender a utilizar mejor el tiempo disponible y comprender qué está interfiriendo en nuestra atención.

Técnicas de concentración para estudiar

Una vez identificados algunos de los factores que pueden estar interfiriendo, podemos introducir cambios concretos. No existe una única técnica que funcione para todas las personas, por lo que merece la pena probar diferentes herramientas y comprobar cuáles mejoran realmente nuestro rendimiento.

La idea no es llenar tu rutina de trucos, sino elegir unas pocas estrategias, aplicarlas con constancia y observar si realmente mejoran tu capacidad para mantener la atención y recuperar posteriormente lo aprendido.

Método Pomodoro: qué es y para qué sirve

Si alguna vez has buscado “Pomodoro, qué es”, se trata de una técnica sencilla para organizar periodos de trabajo y descanso. Su versión más conocida propone estudiar durante 25 minutos, descansar 5 y realizar una pausa más larga después de varios ciclos.

No obstante, los 25 minutos no debes convertirlos en una regla rígida. Una persona capaz de trabajar concentrada durante 45 o 50 minutos no necesita interrumpirse simplemente porque haya terminado un Pomodoro. 

Quédate con que lo interesante del método es utilizar la estructura basada en programar varios periodos definidos de concentración y descanso que sean realistas para cada persona. Necesitas ajustar esta recomendación a tus capacidades y tu tiempo en el momento exacto en el que estés, no respecto a los tiempos ideales que te propongas conseguir con el tiempo. Seguramente con el tiempo serás capaz de conseguir periodos más amplios de atención sostenida antes de los descansos

  • Define antes de empezar qué tarea concreta vas a realizar.
  • Trabaja durante el periodo establecido sin introducir otras actividades.
  • Utiliza el descanso para desconectar realmente de la tarea.
  • Ajusta progresivamente los tiempos según tu capacidad de concentración.

Esquemas visuales y técnicas de memorización

Los esquemas visuales suelen ser un añadido muy útil en el proceso de estudio y organización. Pueden ser especialmente útiles cuando nos obligan a seleccionar, jerarquizar y relacionar conceptos. Su utilidad no reside únicamente en que el resultado sea visual, sino en el trabajo cognitivo interno que te haces en tu mente necesario para transformar mucha información en una estructura comprensible.

Algo parecido ocurre con las técnicas de memorización. La repetición espaciada, las asociaciones, los acrónimos o intentar recuperar una información sin mirar los apuntes pueden ayudarnos a consolidar el aprendizaje. Explicar un tema en voz alta como si tuviéramos que enseñárselo a otra persona también permite detectar rápidamente aquello que creemos saber pero todavía no comprendemos suficientemente.

Ejercicios de concentración que puedes poner en práctica

La concentración puede trabajarse, pero no necesitamos convertir todo nuestro día en un entrenamiento de atención. Algunos cambios sencillos pueden servir para empezar a observar cómo respondemos y qué condiciones facilitan que mantengamos el foco.

Estos ejercicios de concentración pueden ser un buen punto de partida cuando la dificultad está relacionada principalmente con hábitos, interrupciones frecuentes o una organización poco eficaz del estudio:

  • Comienza con periodos de estudio sin móvil ni otras interrupciones y aumenta progresivamente su duración.
  • Antes de estudiar, establece un objetivo concreto en lugar de proponerte simplemente “estudiar toda la tarde”.
  • Al finalizar un bloque, cierra los apuntes e intenta recuperar las ideas principales sin consultarlos.
  • Si aparecen pensamientos que no tienen que ver con el estudio, anótalos para atenderlos posteriormente en lugar de abandonar inmediatamente la tarea.

Si aun aplicando estas herramientas la dificultad se mantiene, conviene no asumir automáticamente que necesitas más disciplina. Puede haber otros factores emocionales o cognitivos interfiriendo y será importante identificarlos.

Cuándo buscar ayuda profesional

Cuando existen niveles elevados de ansiedad, pensamientos recurrentes, bloqueos, una fuerte autoexigencia o preocupaciones que ocupan continuamente nuestra atención, insistir únicamente en nuevas técnicas de estudio puede no solucionar el problema. En ese caso, la dificultad para concentrarse será consecuencia de otro problema sobre el que necesitas intervenir.

En terapia podemos identificar qué está interfiriendo en la atención, trabajar los pensamientos y emociones que están alimentando el problema y aprender herramientas adaptadas a las circunstancias concretas de la persona. El objetivo no sería simplemente conseguir estudiar durante más tiempo, sino poder hacerlo de una manera más eficaz y con un menor coste emocional.

En Alegra Psicólogos Málaga podemos ayudarte a comprender por qué están apareciendo esos problemas de concentración y a trabajar sobre aquello que los está manteniendo.

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