Taller: “Modifica la conducta de tu hijo”

Desde Alegra psicólogos Málaga os presentamos el taller “Modifica la conducta de tu hijo” en el que podrás dar respuesta a muchas de las preguntas que te realizas como padre o madre e incluso como interesado en la modificación de conducta.

En el taller “Modifica la conducta de tu hijo” conocerás los cuatro elementos básicos de hoy en día: refuerzos, consecuencias, normas y límites; así como la evolución de la educación desde hace 100 años hasta nuestros días. Identificaremos qué conductas son normales, cuáles son disruptivas, así como qué hacer para controlar las rabietas de los más pequeños. Finalizaremos con una pequeña reseña a las nuevas tecnologías y cómo actuar frente a ellas.

 

Si eres padre, madre, estudiante, profesional de la educación o de la psicología y estás interesado en conocer en profundidad los elementos de la modificación de conducta…no te lo pienses y apúntate en el 951 40 52 66, en nuestro email: info@alegrapsicologia.com o en cualquiera de nuestras redes sociales (Twitter y Facebook).

¡TE ESPERAMOS!

suspendido

Mi hijo ha suspendido en junio, ¿qué hago?

     Llega junio y, con él, la playa, la piscina, el calor, los días largos, las fiestas de fin de curso, las vacaciones, y… LAS NOTAS FINALES. Ese cosquilleo en el estómago, esa ansiedad anticipatoria (hay que decir que más acentuada en los padres, que en los propios alumnos. Al fin y al cabo, ellos ya lo saben desde mucho tiempo antes) que no nos deja, en los casos más extremos, ni dormir.
 

Mi hijo es un desastre

Creemos que hoy en día, resulta habitual escuchar a padres y madres hablando de sus hijos, en términos que describen conductas inadecuadas. Esas conductas, atienden principalmente a desobediencia, malos resultados en los estudios, faltas de respeto, falta de independencia o de madurez.

Sin ninguna duda, los comportamientos de los que hablamos, son molestos para los padres, repercutiendo en la dinámica familiar. No obstante, el más perjudicado es el niño, que sin entender muy bien lo que sucede, continúa con su día a día habitual, pase lo que pase, y caiga quien caiga.

Madres y padres, ¡están equivocados! Sus hijos no son de ésta o aquella otra manera.

El punto en el que los padres llegan a la desesperación es variable, pero indiscutiblemente, ante éste tipo de situación, todos terminan llegando a experimentar esa emoción. Y en ese momento, el planteamiento que surge en su cabeza es “mi hijo es un desastre y no sé por qué”. Dicho planteamiento es un error. Un error tan humano como habitual. ¿Por qué? Pues porque el foco de la responsabilidad sobre la situación que se está dando, se está poniendo en el hijo.

En algún punto del camino se flexibilizaron posturas.

Madres y padres, están equivocados. Sus hijos no son de ésta o aquella otra manera. Sus comportamientos no vienen impuestos de base como el color de sus ojos. Toda aquella conducta que ven que no les gusta tiene su origen en la educación. Evidentemente, en ella, juega un papel importante el colegio, el resto de la familia o los amigos. Pero no se engañen, ustedes son los responsables de lo que ven. Y más importante aún. En sus manos, siempre está la solución.

En algún punto del camino se flexibilizaron posturas, se dejaron de poner límites, normas, de reforzar las buenas conductas, de premiar los sucesos importantes, de mantener diálogos, de procurar entender sus emociones y de enseñarles a manejarlas y expresarlas. Se abandonó la posición de padres y se abrió la puerta al desastre.

Sin embargo, retomando las condiciones de aquella época en que todo iba bien, es muy posible devolver el rio a su cauce y volver a tener el ambiente sano en el núcleo familiar.

Mi niño no come, ¿qué hago?

Todos conocemos a esa familia en la que la hora de la comida es un auténtico caos y suplica: Mi niño no come nada, ¿qué hago? ¡Ya no se qué hacer!. Pueden ocurrir diferentes situaciones, pero se hace de todo excepto comer. Los niños reclaman continuamente la atención de sus padres y hacen cualquier cosa por conseguirla. En este post, desde Alegra Psicólogos Málaga os dejamos algunos consejos para no sucumbir a la llamada de interacción de los hijos y comenzar a instaurar pautas adecuadas en las comidas.

 

SENCILLAS PAUTAS A LA HORA DE COMER

–    No poner raciones excesivas: Si los niños quieren repetir, podrán hacerlo después bajo petición de ellos mismos.

–    No llevar el postre a la mesa antes de terminar la comida: de esta forma evitamos que los niños dejen comida en el plato para comerse el postre lo antes posible.

–    Establecer un tiempo límite para las comidas: No pedimos a los niños que se den prisa en comer, pero sí que deben tener un tiempo máximo para ello.

–    Cuando se esté terminando el tiempo de comer: se les avisa para que sean conscientes de que si no terminan, se les retira el plato de la mesa.

–    Si el niño no quiere comer: se le retirará el plato de la mesa cuando haya transcurrido el tiempo estipulado para dicha comida y toda la familia haya terminado de comer.

–    Si queremos que los más pequeños comiencen a comer lo mismo que el resto de la familia: debemos hacerles ver que ese momento es especial, que ya es “grande”, y come lo mismo que los mayores.

–    Reforzar la conducta que queremos que se repita: por ejemplo, el haber comido genial hoy. “Eres todo un campeón”, “qué orgullos@ estoy de ti”,…

–    Reforzar el esfuerzo: aunque no se lo coman todo, cuando se está intentando instaurar una nueva conducta en el repertorio del pequeño, es importante reforzar el simple hecho de esforzarse a conseguir lo que se ha propuesto, independientemente del resultado.

La exigencia en la infancia

En Alegra psicólogos Málaga estamos siendo espectadores de “primera fila”, en el cambio de concepción en lo que a los estudios se refiere, que se está llevando a cabo en la época vital que habitualmente llamamos infancia.

Son muchos los padres que nos llegan con una imperiosa necesidad de entrenar a su hijo/a en técnicas de estudio, en ganar fuerza de voluntad, en mejorar determinadas capacidades. Y a priori, no suena nada mal. Pero lo cierto es que esa necesidad viene de la mano de otros problemas como puedan ser ansiedad, desmotivación, fracaso escolar, déficit de atención, etc.

Imprescindiblemente nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Por qué el aumento del nivel estudios en nuestros pequeños está conllevando tantos problemas asociados? La respuesta está en los planes de estudio estatales, en la formación de los maestros para impartir ese nuevo nivel, la falta de estructura para que ese aumento de exigencia en la infancia no se produzca en forma de escalón de un curso para el siguiente, y en la capacidad del sistema para prestar los apoyos necesarios a aquellos que no puedan asumir ese nivel al mismo ritmo que el resto.

Nos hemos vuelto resultadistas, y por qué no decirlo, un “poco locos” cuando salían estadísticas sobre el nivel de conocimientos de los españoles con respecto al resto del mundo. Y no se ha tenido en cuenta que la estadísticas pueden ser engañosas y manipuladas a conveniencia.

Lo cierto es que debemos tener mucho cuidado con el nivel de exigencia en la infancia, porque es el periodo más importante del ser humano y no conviene olvidar que lo que nos ocurra en ese periodo, se arrastra toda la vida. Si no disponemos de los medios para introducir ese nivel en nuestra sociedad actualmente, sería fantástico plantearnos cómo conseguirlo para que nuestros hijos sean personas mejor formadas, pero mientras encontramos la mejor forma de llevar eso a término, por favor, no metamos con calzador ideas y propuestas que pueden, literalmente, destruir las vidas de nuestros pequeños.

Responsabilidad y sentido común, han sido habitualmente dos ingredientes que vienen muy bien para conseguir buenos resultados en cualquier proyecto. No nos olvidemos de usarlos.

Los valores del deporte en nuestros hijos

En Alegra Psicólogos Málaga tratamos a diario con niños. Tanto menores de 12 años, como adolescentes. En no pocas ocasiones, cuando nos sentamos a acordar con los padres las nuevas normas, límites, consecuencias y premios, el deporte (generalemente entendido como actividad extraescolar) sale para formar parte de alguno de esos grupos. Nos esforzamos en mostrar a los padres de esos chavales, que el deporte nunca debería ser una moneda de intercambio, sino un aspecto cotidiano más dentro del horario semanal.

Inculcar los valores del deporte en nuestros hijos supone generar todo un abanico de beneficios en ellos. Por su puesto, a nivel de desarrollo motor es importantísimo, pero a nivel cognitivo no lo es menos. Mejora su concentración, su atención, su capacidad de planificación, su coordinación, su bienestar psicológico general. Dicho todo esto, lo más importante es que todavía mejora algo más. Sus principios y valores, tan faltos e inexistentes en nuestra sociedad actual.

Los valores del deporte implican sacrificio, actitud, esfuerzo, colaboración para alcanzar una meta individual o grupal, compromiso, ayuda a los demás, constancia, y un largo etcétera, que no lo olvidemos, incluye a la salud. Éstos, entre otros muchos, son principios que cualquier persona que quiera alcanzar unas mínimas cotas de éxito debería tener. Por tanto, si a través de la práctica deportiva conseguimos que nuestros hijos los interioricen, haciéndolos suyos, y los desarrollen, les estaremos dando la mejor de las educaciones posibles para que se conviertan en adultos dignos de admiración.

Lleven y apunten a sus hijos a practicar deporte, pues resulta la mejor de las formulas para conseguir que crezca equilibrado y feliz.

Enseñar valores a sus hijos

En cada ocasión que desde Alegra, Centro de Psicología tenemos la oportunidad de impartir una escuela de padres o un taller sobre cómo podemos educar a nuestros hijos planteamos la misma pregunta: ¿Cuál es la principal diferencia que se ve entre la educación de hace unos años y la educación que se da en nuestro día a día? La respuesta suele ser muy similar: “antes, dar un tortazo a tu hijo (e incluso el profesor al alumno) era mano de santo. Ahora, por eso mismo, te pueden denunciar. Así no se puede”.

Evidentemente, esa es una diferencia, que muchos padres toman algo muy restrictivos para ellos, ya que no tienen esa arma para “educar”. Desde nuestro centro, vemos que hay un cambio mucho más grande y profundo entre ambos tiempos. ¿En qué estamos educando? Hace unos años, nuestros padres y abuelos, dentro de lo autoritario que era el modelo, se educaba para enseñar valores a sus hijos: responsabilidad, respeto, esfuerzo, constancia,… ¿nos suenan? A día de hoy, mientras nuestro hijo saque buenas notas y cuando esté en casa, no haga mucho jaleo…nos conformamos.

Realmente, desde Alegra, Centro de Psicología creemos que nos estamos equivocando. Debemos volver a antiguos hábitos en cuanto a que los hijos pueden realizar tareas y actividades que les ayuden a crecer como personas autosuficientes y aprendan que para conseguir un objetivo es necesario un esfuerzo previo. Por esto, hoy os enseñamos cómo podemos enseñar valores en casa como el esfuerzo. Dinámicas muy sencillas del día a día pueden ayudarnos a conseguirlo:

–    Explicarles a los niños qué es el esfuerzo y por qué es importante esforzarse. Debemos enseñarles que todo esfuerzo tiene su recompensa, independientemente del objetivo propuesto. Si nos esforzamos, lo conseguiremos.

–    Debemos propiciar situaciones en las que deben esforzarse para llegar a un objetivo. Aquí es muy importante jugar con reforzadores, que hagan que se motive para volver a realizar la actividad o tarea. Siempre reforzando el esfuerzo, sin fijarnos en el resultado posterior.

–    Es muy importante que enseñemos a nuestros hijos las dos cara de la moneda de la vida, con esfuerzo podemos conseguir lo que nos propongamos. Pensando que ya nos llegarán las oportunidades y que estando quietecitos llegaremos lejos,… será difícil de conseguir los objetivos que nos marquemos. En definitiva, no debemos sobreprotegerlos.

–    ES MUY IMPORTANTE: tenemos que dar ejemplo. Somos su mayor punto de referencia. Estamos enseñando a nuestros hijos a que se esfuercen. ¿Qué mejor forma de demostrárselo que predicando con el ejemplo? Qué nos vean esforzándonos por conseguir el éxito en una de nuestras propuestas es la mejor forma de que se animen a hacerlo ellos.

Terminamos planteándoos una pregunta: ¿Qué queremos para nuestros hijos? ¿Qué estén calladitos o que sepan desenvolverse en la vida? Enseñar valores a sus hijos es la mejor forma de responderla.

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