Mi niño no come, ¿qué hago?

Todos conocemos a esa familia en la que la hora de la comida es un auténtico caos y suplica: Mi niño no come nada, ¿qué hago? ¡Ya no se qué hacer!. Pueden ocurrir diferentes situaciones, pero se hace de todo excepto comer. Los niños reclaman continuamente la atención de sus padres y hacen cualquier cosa por conseguirla. En este post, desde Alegra Psicólogos Málaga os dejamos algunos consejos para no sucumbir a la llamada de interacción de los hijos y comenzar a instaurar pautas adecuadas en las comidas.

 

SENCILLAS PAUTAS A LA HORA DE COMER

–    No poner raciones excesivas: Si los niños quieren repetir, podrán hacerlo después bajo petición de ellos mismos.

–    No llevar el postre a la mesa antes de terminar la comida: de esta forma evitamos que los niños dejen comida en el plato para comerse el postre lo antes posible.

–    Establecer un tiempo límite para las comidas: No pedimos a los niños que se den prisa en comer, pero sí que deben tener un tiempo máximo para ello.

–    Cuando se esté terminando el tiempo de comer: se les avisa para que sean conscientes de que si no terminan, se les retira el plato de la mesa.

–    Si el niño no quiere comer: se le retirará el plato de la mesa cuando haya transcurrido el tiempo estipulado para dicha comida y toda la familia haya terminado de comer.

–    Si queremos que los más pequeños comiencen a comer lo mismo que el resto de la familia: debemos hacerles ver que ese momento es especial, que ya es “grande”, y come lo mismo que los mayores.

–    Reforzar la conducta que queremos que se repita: por ejemplo, el haber comido genial hoy. “Eres todo un campeón”, “qué orgullos@ estoy de ti”,…

–    Reforzar el esfuerzo: aunque no se lo coman todo, cuando se está intentando instaurar una nueva conducta en el repertorio del pequeño, es importante reforzar el simple hecho de esforzarse a conseguir lo que se ha propuesto, independientemente del resultado.

Carta de una paciente: Me despido de ti

Esta carta va dirigida a mi yo de ayer, al que yo era hace más de dos meses y al que he ido labrando durante años. Me despido de ti.

A  veces pienso que nuestro cerebro, aunque forme parte de nuestro yo completo, trabaja por sí solo, y digo esto porque es capaz de crear pensamientos autodestructivos sin coherencia ni lógica alguna, y parece mentira esto cuando supuestamente el ser humano es “egoísta” a ojos del mundo.

Yo he cambiado. Y no solo yo, sino mi vida, mi día a día, mi entorno. Con tan solo 20 años me vi sumergida en un pozo sin fondo del que intentaba salir, pero cualquier intento por toda la buena voluntad del mundo que llevara era inútil. Tras varios intentos que terminaron en fracaso, hablé con mi madre y tuve que buscar ayuda externa. Fue sin duda una de las mejores soluciones que he tomado en la vida. No lo quise contar a nadie de mi entorno porque sabía que no me iban a entender, salvo que hubieran pasado por un trastorno alimenticio o bien fuera mi terapeuta. Mi cambio ha sido asombroso, ya que en cuestión de dos meses he salido de ese pozo que me tenía asfixiada, gracias a mi autoestima, a mi forma de ser, y sobre todo porque en Alegra psicólogos Málaga me dieron las herramientas necesarias para salir, y esto es lo importante, saber usar las herramientas porque somos nosotros mismos lo que tenemos que terminar saliendo a flote.

Cuando hablo del pozo sin fondo me refiero a mi obsesión por la delgadez llevada de la mano de la comida, llegando hasta el punto de tener miedo a la comida, a perder el control sobre ésta, en definitiva,  la comida gobernaba mi día a día, y no venía sola, sino acompañada de pensamientos negativos y distorsiones cognitivas de mi imagen corporal, siempre asociándolo a la comida, atracones de comida a escondidas, masticar comida y escupirla para que “no me engordara” y siempre estando en un estado de tensión y ansiedad, no disfrutando de la comida porque estás pensando que lo que estés haciendo esté mal y te vayan a pillar. Por no hablar del hecho de mirar las calorías de los alimentos como cosa habitual, y no comerlos por su alto valor calórico o pesarme una medida de 4 veces diarias.

Dieta, una palabra que para muchos es temida, para otros motivadora, se empieza los lunes, los septiembres de cada año y se rompe los fines de semna, pero acarrea sentimientos de culpa, prohibiciones, ansiedad y restricciones que formaban parte de mi vida como el dormir una media de 8h diarias. Por no comentar los ayunos, la abstinencia de hidratos de carbono (pasta, arroz, patata…) y los dichosos atracones del “día libre”.

Comer fuera de casa era algo impensable para mi, a no ser que fuese ese día libre del que hablaba, y en ese caso, comía todo aquello que tenía prohibido hasta sentir dolor de estomago, sobrepasando los límites de la saciedad. “ya que me he pasado, termino de romperla del todo” (la dieta). Posteriormente podía pasarme dos días enteros en ayuno, tomando dos cafés en todo el  día, o bien, a base de piña y agua.

Por último, otra de las cosas que formaba parte de ese momento tan oscuro para mí, era la autocritica. Y no precisamente realista, si no destructiva y amarga.

Ahora puedo decirle a mi yo del pasado que se acabó, que me despido de ti, que no quiero volver a verte, pero que gracias porque me ha permitido conseguir unas herramientas para mi vida, esenciales para ser feliz. Ahora sé que la clave para ser feliz es estar bien con uno mismo y que el deporte y la buena alimentación son la base de una vida saludable.

Mi deseo de bajar peso no ha desaparecido, porque si dijera lo contrario, mentiría. Eso sí, esta vez es diferente. Esta vez quiero llegar a un IMC (Uno de los indicadores de peso saludable o insalubre) sin hacer burradas como dejar de comer o eliminar el pan o el aceite, porque el cuerpo también los necesita.

Y también quiero advertirles a esos pensamientos negativos de ayer que si se atreven a deambular por mi cabeza, ya no les tengo miedo, porque tengo una magnifica defensa contra ellos. Mi recién y bien creada autoestima y distintas herramientas, que unidas a los nuevos conocimientos, me permiten combatir lo que se me ponga por delante.

Con respecto a mi físico, peso exactamente igual que al empezar la terapia, pero no tengo ni mucho menos el mismo cuerpo. Peso lo mismo, sí, pero eso lo dice un aparato con números. La realidad es que ahora como de todo, mi vida no tiene prohibiciones, hago ejercicio moderado, y sobre todo lo más importante es que soy feliz porque la báscula ha desaparecido de mi vida.

Porque más que un cuerpo diez, quiero una mente diez, y ahora la tengo. Me despido de ti. Gracias por haberme hecho crecer.

Posdata: “comer es una necesidad, pero comer bien es un arte…”

Los tres pilares de una vida sana

Cada día las personas se enfrentan a innumerables retos en las diferentes áreas de su vida. A nivel laboral, puede ser un compañero, un jefe, un socio que nos exige resolver cuestiones y nos provoca pensamientos estresantes. A nivel familiar, la simple compaginación del tiempo de trabajo con los niños puede ser desbordante. A nivel social o personal, también nos podemos encontrar con diversas dificultades. En general, lleguen de donde lleguen esos problemas, entendemos que su solución, si es que nos enfocamos en intentar buscarla, está en llevar a cabo tal o cuál técnica, quitarle importancia al problema, ser muy comunicativos, o mantener la mente muy ocupada. Hasta intentar pensar en positivo nos podría valer en determinadas circunstancias.

En Alegra Psicólogos Málaga, a través de nuestros tratamientos, enseñamos múltiples formas para cambiar pensamientos que nos dañan, o comportamientos y conductas que claramente no nos convienen, Pero antes que todo eso, hacemos que la persona analice los tres pilares  de una vida sana. Estos pilares son la alimentación, el sueño y el deporte. Si conseguimos mantener una alimentación correcta, un sueño reparador y una cantidad de deporte semanal, nuestros problemas se harán mucho menores a nuestros ojos.

La alimentación adecuada, sin excesos de azucares, o grasas, con fibras y cereales en grandes cantidades, sin olvidar la fruta, provoca una mejora del funcionamiento del organismo, que se traduce en una sensación de bienestar físico. Este mismo bienestar, pero con otro tipo de sensaciones, es el que provoca el ejercicio físico. Tras realizar deporte durante 20/25 minutos de forma aeróbica, como andar rápido o correr, liberamos unas sustancias en el cerebro que nos hacen sentirnos felices. Y por último, pero no menos importante, está el pilar del sueño, que nos reporta el descanso necesario para que nuestro cuerpo y nuestra mente recarguen pilas, y puedan enfrentarse con el máximo de garantías a las nuevas situaciones.

Si cuidas los tres pilares de una vida sana, no tardarás en observar los beneficios.

¿Dieta estricta o régimen bien construido?

En nuestra sociedad ¿quién no se ha propuesto, habitualmente para empezar el día de año nuevo, comenzar una dieta para alcanzar su peso ideal? Lo cierto es que es extraordinariamente frecuente que las personas comiencen y abandonen dietas con relativa facilidad. La razón o razones pueden ser muy evidentes. Esas dietas, casi siempre se forman de pseudoconocimientos que hemos ido adquiriendo aquí y allá. “Tal alimento es el demonio”, “ésta infusión es milagrosa”, “el pan y la cerveza engordan mucho”, “la piña hace que expulsemos las grasas”….si se me permite la expresión, hacemos un batiburrillo de datos y conformamos una dieta, normalmente muy estricta en lo que a alimentos, cantidades y variedad se refiere. Suele conllevar un esfuerzo titánico mantenerla. Y además, en no pocas ocasiones, nos encontramos con una ausencia de resultados en los tiempos esperados.

Por tanto, mejor ¿dieta estricta o régimen bien construido? En las dietas se puede decir que fallan los conocimientos sobre alimentación (cantidades, grupos de alimentos, mitos infundados, etc), la motivación (que se agota si se basa en un mal objetivo como el físico), la constancia (si el nivel de restricciones es muy alto agotamos nuestra voluntad) y los tiempos propuestos (que son diferentes en cada persona y nunca deben ser a corto plazo).

Desde Alegra Centro de Psicología, basándonos en las investigaciones y en nuestra experiencia con las personas, mostramos que la verdadera solución está en entender el cambio en la alimentación como un verdadero cambio en nuestras costumbres. Por eso, lo llamamos régimen alimenticio. Porque es algo que no se incorpora de forma eventual. Será nuestra manera de comer a partir de ese momento.

La forma de alimentarnos que proponemos incluye saber qué se come, por qué se come eso y no lo otro, cuándo se come y cuando no, con qué objetivo (no puede, ni debe ser otro que la mejora a largo plazo de nuestra salud), sabiendo claramente cuáles deben ser los límites en los alimentos más problemáticos, pero dejando un margen para comerlos habitualmente, y proponiendo pocos plazos temporales, debido a que nuestro cambio se pretende llevar a cabo para siempre, por lo que resulta poco convincente esperar nada “para el mes que viene”

La conclusión a la que debemos llegar es que una dieta nos llevará ineludiblemente al fracaso, y un régimen bien construido nos puede cambiar la vida para siempre.

Carta: “A mi yo de ayer”

CARTA:

A MI YO DE AYER

 Todavía me sorprende el poco razonamiento que a veces tenemos las personas y cómo se pierde la lógica y la coherencia cuando menos lo esperas, y en los aspectos que menos esperas.

Mi vida ha cambiado desde hace dos años atrás, no se si para bien o para mal, pero ha cambiado, y lo importante es que he aprendido de esto. La manera en la que yo veía hace cuestión de un año y medio, o poco más, el tema de la salud, el físico, la alimentación y el deporte, eran totalmente diferente a la de ahora.

En cuanto a la alimentación, es lo primero que utilice a mi favor para conseguir mi objetivo, estar delgada. Fue el aspecto que más dañado se vio ya que en cuestión de tres o cuatro meses, lo que antes me encantaba y disfrutaba, ahora pasó a ser algo que yo veía innecesario. La comida para mí tenía poca utilidad, y acabé alimentándome diariamente de café, fruta, lechuga y aquello que viera con el mayor déficit de grasa y cocinado de la manera que veía que menos calorías produjese.

Pasó a ser algo obsesivo, cuando me vine a dar cuenta me pasaba el día temerosa de que llegara la hora de comer o que a mi cuerpo le pareciera dar señales de que necesitaba alimentarse. Intentaba comer y cenar lo más temprano posible para que a mi cuerpo le diera tiempo a quemar lo poco que había comido antes de irme a dormir. Me parecía una locura comer en algún sitio fuera de mi casa o comida basura, no quería ni imaginar cómo estaba hecha la comida y cuantas calorías podía tener una hamburguesa o una pizza, contando con la vergüenza y el mal estar que me provocaba comer en público. Dejé incluso de relacionarme tanto como antes y el ocio y la diversión pasaron a un segundo lugar, salvo en las ocasiones que podía lucir mi “perfecto cuerpo”, y aun así no me sentía del todo a gusto porque quería más y más, más delgadez a pesar de cualquier cosa.

El deporte paso de ser algo divertido y entretenido, a algo obsesivo. En menos de seis meses se convirtió en una obligación y una necesidad. Llegaba a correr dos veces al día, por caminos bastante duros y recorridos bastante largos. Me sentía muy orgullosa de ello ya que, junto con la alimentación, creía controlar mi peso perfectamente. Además de esto, aprovechaba cualquier situación para ejercitar mis piernas o vientre, no podía estar parada sabiendo que mi cuerpo no iba a quemar grasa, e incluso hacía ejercicio de manera disimulada en el autobús de camino a la universidad o en el trabajo.

El objetivo principal y único era mantenerme delgada, e incluso adelgazar más, aun reconociendo que no estaba bien de salud ya que cuando hacía excesivo deporte me encontraba algo débil, pero como es lógico lo veía normal en esa época, era algo que “tenía” que sufrir para tener el cuerpo que yo quería.

En cuanto al físico, no entraba en mi cabeza otro que no fuera un cuerpo que pesara más de 50kg. El cuerpo perfecto era aquel en el que se marcaba cada hueso de la cadera, clavícula, espalda, etc. con una musculatura fuerte y bien vista estéticamente. Me sentía orgullosa de que la ropa me quedase grande, de la delgadez que me decía todo el mundo que tenía. Mi cuerpo era demasiado delgado, pero aún así yo consideraba que el físico perfecto era estar más delgada aún.

Por último, la salud en general, visto lo visto parece que me importaba muy poco. Sabía que estaba mal de salud en diferentes aspectos, psicológicos y físicos, pero era algo inferior comparándolo con la importancia del físico y la delgadez.

Ahora puedo decirle a mi yo de ayer que la salud es lo más importante. Y lo digo de verdad. Me he dado cuenta que es la base de cualquier persona, incluso la clave de la felicidad. La clave de la felicidad porque, parándome a pensar, he descubierto que si tienes una buena alimentación y un deporte saludable, tienes más posibilidades de estar bien psicológicamente, por lo que puedes afrontar cada cosa y cada día con más fuerza y ganas, ya sean aspectos más o menos agradables. Si afrontas cualquier situación de la mejor manera tendrás más posibilidades de acertar y tomar mejores decisiones, te sentirás a gusto contigo mismo y no tendrán unas cuantas preocupaciones menos que la salud trae consigo.

Ahora por buena alimentación entiendo, y comparto, que es aquella que sea equilibrada, aportando todo tipo de nutrientes a tu cuerpo, con la que te sientas más a gusto según tu tipo de vida, la que te mantenga fuerte y la que te mantenga feliz. Al igual que en todos los aspectos, el abuso es perjudicial, por lo que al igual que abusar de la falta de comida es malo, abusar de un exceso de comida también lo es, por ello el equilibrio es la manera perfecta de mantenerte bien, dándote tus caprichos y cuidándote a la misma vez. Manteniendo tus cinco o seis comidas al día el cuerpo responde perfectamente, ya que su misma biología le impide almacenar lo perjudicial en el cuerpo e incluso lo usa para beneficio propio con el que nos ayuda a mantenernos fuertes.

Repito tantas veces la palabra fuerte,  ya que la alimentación para mí ha pasado a ser algo que nos da fuerza y vida, como es lógico e indiscutible. Por lo que puedo decir de nuevo a mi yo de ayer, después de más de dos años, que aquella amenaza que para mí era alimentarse, ha vuelto a ser algo primordial que hay que cuidar, pero esta vez no para mantener un cuerpo delgado, sino para vivir simplemente, y vivir con salud.

El deporte ha tenido el mismo proceso de trasformación y vuelve a ser algo emocionante para mí. La necesidad de hacer deporte ahora está en la salud y no en el físico. Está claro que también tiene un condicionante estético inevitable, pero pienso que eso no es malo si no se lleva a extremos. He terminado de entender, y además hace muy poco, que solo es salud de lo que se trata principalmente, y al igual que la alimentación, de la fuerza, la vitalidad y los beneficios que te crea hacer deporte.

El deseo de un buen físico no ha desaparecido, si dijera eso mentiría, pero si puedo decirle muchas cosas positivas a mi yo de ayer en cuanto a la manera de conseguirlo y a la importancia que ahora le doy. A diferencia de antes, ya no es obsesión, es deseo por tener un buen físico tanto por salud como por estética. Está claro que querer estar aguapa y atractiva físicamente es algo que quiero, pero que no necesito. Mi vida ahora no se basa en eso.

También sé que la manera de conseguirlo es la que ahora he tomado, algo equilibrado que me mantenga feliz y que se consiga de manera progresiva, sin pretender que mi cuerpo cambie de una semana a otra haciendo cosas perjudiciales para mi salud. Con ello no quiero decir que no esté contenta con mi físico, sino que todo se puede mejorar, y para mi ahora la mejora está en un punto muy diferente al que estaba antes. Está en el punto que yo me sienta totalmente a gusto, sin embargo eso no se consigue solamente con un físico bonito, si no con una mente sana.

Podría decir miles de cosas más sobre el cambio, pero creo que como síntesis se ve reflejada la trasformación y el cambio de mis deseos de ahora y de antes, tanto en la manera de expresarlo como en mis prioridades ahora. Y digo ahora porque es ahora cuando me siento feliz, tenga un “cuerpo 10” o no, sin embargo mi estado mental está rozando esa cima, la cual hacía mucho que no alcanzaba.

 

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