Mucha gente nos pregunta: ¿Para qué sirve aprender Mindfulness?

Primero decir que: “el Mindfulness es un estado de conciencia centrada en el presente, no elaborativa, y no enjuiciadora, en la cual, cada pensamiento, sentimiento ó sensación que surge en el campo atencional es reconocido y aceptado tal y como es” (Kabat-Zinn, 1990; Segal, Williams y Teasdale, 2002; Shaphiro y Schartz, 1999), a muchos les sonará a “chino”.

A razón de lo comentado, parece interesante definir éste concepto de forma más sencilla. Podemos decir que es una forma especial de prestar atención de forma intencionada sobre todo aquello que está sucediendo en el momento presente. Y con “todo aquello”, nos referimos a nuestra respiración, a cualquier sensación fisiológica (frio, calor, sudoración, hormigueo en la piel), cualquier sentimiento/emoción, cualquier estímulo externo (como los sonidos que en ese momento se estén dando a nuestro alrededor, o los colores que se formen en el cielo al atardecer). A esa forma de “fijarnos” con absoluta dedicación en todo lo descrito anteriormente, mientras nos aseguramos de no juzgar, ni categorizar de ninguna forma lo observado, simplemente aceptando lo que vemos, oímos, o notamos, sería el comienzo de la práctica de Mindfulness.

Los matices en el uso de ésta técnica marcan la diferencia con otras estrategias parecidas en la forma pero no en el fondo. El Mindfulness no es una técnica de relajación (aunque en ocasiones pueda notarse éste efecto), no es religión (aunque sus orígenes sean de budistas), no supone en ningún caso escapar de los problemas (ni emocionales, ni de ningún otro tipo), y tampoco es dejar la mente en blanco. Cuando nos ponemos a pensar para qué sirve aprender Mindfulness, podemos decir que su práctica implica lo que en español se dice “atención plena”, “conciencia plena” y en definitiva “darnos cuenta” de los pensamientos, sentimientos, y sensaciones que experimentamos, pero como si solo fuésemos un espectador que puede observarlos sin emitir un juicio sobre lo que ve o buscando soluciones ante lo que podría entenderse como un problema. Simplemente aceptando la totalidad de lo que sucede. Y siguiendo con la importancia de los matices, esa aceptación no supone resignación, conformismo o indiferencia, sino más bien significa que entendemos lo que pasa sin llevar a cabo una acción sobre eso, más allá de la atención plena.

En dos ejemplos, ¿qué sería Mindfulness y qué sería lo contrario?

Veamos, el típico ejemplo de lo contrario lo tenemos cuando un domingo cualquiera, mientras disfrutamos de un día de playa, o una buena comida, o un sencillo helado, nos paramos y recordamos que al día siguiente tenemos que trabajar. En ese momento, el deleite y el disfrute de ese helado es interrumpido por un pensamiento que nos aleja del presente y nos acerca a la ansiedad del futuro, provocando que no podamos observar toda la intensidad del sabor del helado, en el día de descanso mientras notamos el calor del sol y la brisa de verano.

Un ejemplo de inicio de Mindfulness sería entrar en una gran catedral como pueda ser la sagrada familia de Barcelona, y observar cómo nuestros ojos se abren de par en par, nuestra mente disfruta de cada detalle singular y diferente a cualquier cosa que hayamos visto, aceptar sin límites cómo nos invade una sensación especial por el estomago y el vello de la dermis que se pone de punta al estar contemplando la magnitud descomunal de una obra maestra. Finalmente, de dirige la atención a cada pensamiento y al asombro general que ha provocado la visión en ese momento, sin hacer nada más al respecto, solo “dándose cuenta” de la misma.

En los párrafos anteriores hemos visto una de las dos formas de práctica de Mindfulness, la informal; puesto que como en cualquier otra enseñanza de la vida, para mejorar, necesitaríamos tomar posteriormente la vía formal que se puede alcanzar a través de cursos y talleres impartidos por profesionales en éste sector.

Una de las posibles conclusiones es que si prestamos verdadera atención a lo que experimentamos, sea “bueno ó malo”, si aceptamos cada emoción tal y como se produce, si cada sensación es percibida, observada y experimentada en el presente, podremos decir que a grandes rasgos, estamos practicando Mindfulness, lo cual nos permitirá aprender, pero sobre todo disfrutar de cada detalle de nuestras vidas.

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