Creemos que hoy en día, resulta habitual escuchar a padres y madres hablando de sus hijos, en términos que describen conductas inadecuadas. Esas conductas, atienden principalmente a desobediencia, malos resultados en los estudios, faltas de respeto, falta de independencia o de madurez.

Sin ninguna duda, los comportamientos de los que hablamos, son molestos para los padres, repercutiendo en la dinámica familiar. No obstante, el más perjudicado es el niño, que sin entender muy bien lo que sucede, continúa con su día a día habitual, pase lo que pase, y caiga quien caiga.

Madres y padres, ¡están equivocados! Sus hijos no son de ésta o aquella otra manera.

El punto en el que los padres llegan a la desesperación es variable, pero indiscutiblemente, ante éste tipo de situación, todos terminan llegando a experimentar esa emoción. Y en ese momento, el planteamiento que surge en su cabeza es “mi hijo es un desastre y no sé por qué”. Dicho planteamiento es un error. Un error tan humano como habitual. ¿Por qué? Pues porque el foco de la responsabilidad sobre la situación que se está dando, se está poniendo en el hijo.

En algún punto del camino se flexibilizaron posturas.

Madres y padres, están equivocados. Sus hijos no son de ésta o aquella otra manera. Sus comportamientos no vienen impuestos de base como el color de sus ojos. Toda aquella conducta que ven que no les gusta tiene su origen en la educación. Evidentemente, en ella, juega un papel importante el colegio, el resto de la familia o los amigos. Pero no se engañen, ustedes son los responsables de lo que ven. Y más importante aún. En sus manos, siempre está la solución.

En algún punto del camino se flexibilizaron posturas, se dejaron de poner límites, normas, de reforzar las buenas conductas, de premiar los sucesos importantes, de mantener diálogos, de procurar entender sus emociones y de enseñarles a manejarlas y expresarlas. Se abandonó la posición de padres y se abrió la puerta al desastre.

Sin embargo, retomando las condiciones de aquella época en que todo iba bien, es muy posible devolver el rio a su cauce y volver a tener el ambiente sano en el núcleo familiar.

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