¿Dieta estricta o régimen bien construido?

En nuestra sociedad ¿quién no se ha propuesto, habitualmente para empezar el día de año nuevo, comenzar una dieta para alcanzar su peso ideal? Lo cierto es que es extraordinariamente frecuente que las personas comiencen y abandonen dietas con relativa facilidad. La razón o razones pueden ser muy evidentes. Esas dietas, casi siempre se forman de pseudoconocimientos que hemos ido adquiriendo aquí y allá. “Tal alimento es el demonio”, “ésta infusión es milagrosa”, “el pan y la cerveza engordan mucho”, “la piña hace que expulsemos las grasas”….si se me permite la expresión, hacemos un batiburrillo de datos y conformamos una dieta, normalmente muy estricta en lo que a alimentos, cantidades y variedad se refiere. Suele conllevar un esfuerzo titánico mantenerla. Y además, en no pocas ocasiones, nos encontramos con una ausencia de resultados en los tiempos esperados.

Por tanto, mejor ¿dieta estricta o régimen bien construido? En las dietas se puede decir que fallan los conocimientos sobre alimentación (cantidades, grupos de alimentos, mitos infundados, etc), la motivación (que se agota si se basa en un mal objetivo como el físico), la constancia (si el nivel de restricciones es muy alto agotamos nuestra voluntad) y los tiempos propuestos (que son diferentes en cada persona y nunca deben ser a corto plazo).

Desde Alegra Centro de Psicología, basándonos en las investigaciones y en nuestra experiencia con las personas, mostramos que la verdadera solución está en entender el cambio en la alimentación como un verdadero cambio en nuestras costumbres. Por eso, lo llamamos régimen alimenticio. Porque es algo que no se incorpora de forma eventual. Será nuestra manera de comer a partir de ese momento.

La forma de alimentarnos que proponemos incluye saber qué se come, por qué se come eso y no lo otro, cuándo se come y cuando no, con qué objetivo (no puede, ni debe ser otro que la mejora a largo plazo de nuestra salud), sabiendo claramente cuáles deben ser los límites en los alimentos más problemáticos, pero dejando un margen para comerlos habitualmente, y proponiendo pocos plazos temporales, debido a que nuestro cambio se pretende llevar a cabo para siempre, por lo que resulta poco convincente esperar nada “para el mes que viene”

La conclusión a la que debemos llegar es que una dieta nos llevará ineludiblemente al fracaso, y un régimen bien construido nos puede cambiar la vida para siempre.

El cuarto socio de Alegra

Desde que Alegra Centro de Psicología comenzó su andadura sois muchos los que ya sabéis que somos tres los profesionales que os atendemos, hoy en este post, queremos reconocer que en más de una ocasión hemos sido cuatro.

El cuarto socio de Alegra siempre ha tenido mucho interés en estar entre nosotros, pero con el que nunca hemos compaginado y siempre hemos querido que se quedase fuera del proyecto. Ahora estamos comprobando que  el mismo individuo está  intentando también ser vuestro acompañante en rutina y sin llegar a ser muy criticones queremos advertiros: EL ESTRÉS.

Seamos sinceros, este cuarto individuo no es tan malísimo, tiene sus cosas buenas como todo, además de sacarnos de situaciones de emergencia vital, nos ayuda a mejorar el rendimiento al darnos un plus de atención y de energía en ciertas ocasiones (FASE 1, ESTIMULACIÓN). Pero hasta cierto punto, puesto que a partir de un nivel de estrés no hay ya mejor rendimiento (FASE 2, RESISTENCIA). Y aún peor, si no pongo remedio podemos llegar a mencionar aquella frase de “no sabía lo que podía llegar a hacerme el estrés, hasta que lo hizo” (FASE 3, DESGASTE).

Estos son algunos de los síntomas de aquella persona que sí haya aceptado a este acompañante:

  • Digestiones difíciles, intestinos tocados, dolor en la zona lumbar, colesterol alto, trastornos musculo– esqueléticos, afectación del sistema inmune y del aparato reproductor, dormir mal, estar mentalmente enganchado al trabajo o constantemente planificando el futuro.
  • Se preocupan demasiado de ellos mismos y pierden la visión de lo que hacen los demás.
  • Se empieza a perder la capacidad de decidir por sí mismo/a.
  • El estrés hace que la vida se viva como una lucha por sobrevivir. Nos hace que vivamos en tensión, con prisa para todo, sin poder disfrutar de muchos momentos bonitos de la vida.

¿Te identificas con alguno? No eres una mera víctima, tu papel activo frente al estrés es crucial y puedes hacer algo contra esto a partir del momento en qué lo decidas. Valora las situaciones adecuadamente, busca habilidades para afrontarlas y si es necesario, toma medidas en cuanto a tu entorno.

Nosotros teníamos claro que el mejor equipo era el de tres, que el cuarto socio de Alegra debe quedarse fuera. ¿Cuántos compañeros quieres tú?

¿Para qué sirve aprender Mindfulness y qué usos le puedo dar?

Mucha gente nos pregunta: ¿Para qué sirve aprender Mindfulness?

Primero decir que: “el Mindfulness es un estado de conciencia centrada en el presente, no elaborativa, y no enjuiciadora, en la cual, cada pensamiento, sentimiento ó sensación que surge en el campo atencional es reconocido y aceptado tal y como es” (Kabat-Zinn, 1990; Segal, Williams y Teasdale, 2002; Shaphiro y Schartz, 1999), a muchos les sonará a “chino”.

A razón de lo comentado, parece interesante definir éste concepto de forma más sencilla. Podemos decir que es una forma especial de prestar atención de forma intencionada sobre todo aquello que está sucediendo en el momento presente. Y con “todo aquello”, nos referimos a nuestra respiración, a cualquier sensación fisiológica (frio, calor, sudoración, hormigueo en la piel), cualquier sentimiento/emoción, cualquier estímulo externo (como los sonidos que en ese momento se estén dando a nuestro alrededor, o los colores que se formen en el cielo al atardecer). A esa forma de “fijarnos” con absoluta dedicación en todo lo descrito anteriormente, mientras nos aseguramos de no juzgar, ni categorizar de ninguna forma lo observado, simplemente aceptando lo que vemos, oímos, o notamos, sería el comienzo de la práctica de Mindfulness.

Los matices en el uso de ésta técnica marcan la diferencia con otras estrategias parecidas en la forma pero no en el fondo. El Mindfulness no es una técnica de relajación (aunque en ocasiones pueda notarse éste efecto), no es religión (aunque sus orígenes sean de budistas), no supone en ningún caso escapar de los problemas (ni emocionales, ni de ningún otro tipo), y tampoco es dejar la mente en blanco. Cuando nos ponemos a pensar para qué sirve aprender Mindfulness, podemos decir que su práctica implica lo que en español se dice “atención plena”, “conciencia plena” y en definitiva “darnos cuenta” de los pensamientos, sentimientos, y sensaciones que experimentamos, pero como si solo fuésemos un espectador que puede observarlos sin emitir un juicio sobre lo que ve o buscando soluciones ante lo que podría entenderse como un problema. Simplemente aceptando la totalidad de lo que sucede. Y siguiendo con la importancia de los matices, esa aceptación no supone resignación, conformismo o indiferencia, sino más bien significa que entendemos lo que pasa sin llevar a cabo una acción sobre eso, más allá de la atención plena.

En dos ejemplos, ¿qué sería Mindfulness y qué sería lo contrario?

Veamos, el típico ejemplo de lo contrario lo tenemos cuando un domingo cualquiera, mientras disfrutamos de un día de playa, o una buena comida, o un sencillo helado, nos paramos y recordamos que al día siguiente tenemos que trabajar. En ese momento, el deleite y el disfrute de ese helado es interrumpido por un pensamiento que nos aleja del presente y nos acerca a la ansiedad del futuro, provocando que no podamos observar toda la intensidad del sabor del helado, en el día de descanso mientras notamos el calor del sol y la brisa de verano.

Un ejemplo de inicio de Mindfulness sería entrar en una gran catedral como pueda ser la sagrada familia de Barcelona, y observar cómo nuestros ojos se abren de par en par, nuestra mente disfruta de cada detalle singular y diferente a cualquier cosa que hayamos visto, aceptar sin límites cómo nos invade una sensación especial por el estomago y el vello de la dermis que se pone de punta al estar contemplando la magnitud descomunal de una obra maestra. Finalmente, de dirige la atención a cada pensamiento y al asombro general que ha provocado la visión en ese momento, sin hacer nada más al respecto, solo “dándose cuenta” de la misma.

En los párrafos anteriores hemos visto una de las dos formas de práctica de Mindfulness, la informal; puesto que como en cualquier otra enseñanza de la vida, para mejorar, necesitaríamos tomar posteriormente la vía formal que se puede alcanzar a través de cursos y talleres impartidos por profesionales en éste sector.

Una de las posibles conclusiones es que si prestamos verdadera atención a lo que experimentamos, sea “bueno ó malo”, si aceptamos cada emoción tal y como se produce, si cada sensación es percibida, observada y experimentada en el presente, podremos decir que a grandes rasgos, estamos practicando Mindfulness, lo cual nos permitirá aprender, pero sobre todo disfrutar de cada detalle de nuestras vidas.

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